EL PERCUSIONISTA • ÁBREGO PRODUCCIONES

JUEVES, 27 DE AGOSTO, A LAS 22:00 H. – NOJA • 
SÁBADO, 29 DE AGOSTO, A LAS 22:00 H. – SANTANDER

Público: A partir de 14 años.

El Percusionista Gorsi Edu vuelve a llevarnos con sus tambores, al corazón de Africa para contarnos toda la magia que esconden sus gentes verdadero corazón de un continente por descubrir en positivo.

“Si la vida es como la música, llena de ritmos, el mundo entero es una gran orquesta en la que cada ser humano es un instrumento musical”. “Cuando toques, hazlo desde el corazón…”.
Así comienza este espectáculo, con el corazón.
Continuando con la línea iniciada con El Percusionista, Abrego plantea un nuevo recorrido por África subsahariana y Europa de la mano de Gorsi Edu, para que aprendamos que Africa es mucho mas que un lugar atestado de futuros candidatos a la
patera.
Esta es una obra teatral escrita desde la ilusión de que el teatro africano comenzara a difundirse en castellano y con el anhelo de contar lo fascinante que es África: la cultura, la tradición oral, las filosofías ancestrales y sobre todo la importancia de la música para los africanos.
El protagonista cuenta su historia (que incluye la emigración en busca de mejores oportunidades.
Es una historia, de tradiciones, de cultura y de vida.

La característica esencial del teatro africano, es que apela a diferentes y variados recursos expresivos que interactúan entre sí, brindando una obra única, que es mucho más que la sumatoria de sus partes.
Esencialmente, la obrareúne las 3 condiciones de la tradición cultural africana: informa, forma y entretiene.
 Un componente destacable es el uso de la palabra, escogidas y pensadas en función del ritmo. El hombre habla, pero su diálogo asume por momentos la sensibilidad y métrica de los poemas.

Otras veces, juega con las palabras en trabalenguas en lengua Fang, un juego que comparten niños y adultos en las aldeas africanas. Como dice Gorsy Edú “a las palabras hay que quererlas, acariciarlas, mimarlas”. Es con ese cuidado que el texto va transcurriendo entre la narración, la evocación, la duda sobre los valores del mundo, con una mirada inocente pero no por eso menos profunda.
Al personal ritmo que el hombre africano imprime a la palabra hablada, Edú le suma la veneración que merece pues cuando habla sobre la misma boca que besa para luego ofender, pone al descubierto la banalización de un don que solemos transformar en desgracia.
Muchos otros recursos del arte africano son aplicados con maestría por Edú en su obra prima. Cabe descubrirlos, pero no para analizarlos sino para vivirlos y ser parte de lo que va sucediendo en el escenario.